Algunos consejos antes de empezar las clases*
56 reglas de oro para comprobar si el mensaje que se lanza desde la tarima está
siendo efectivamente recibido.
- Elige un buen libro de texto, pero no lo sigas en clase.
- Organiza lo que vas a explicar, pero no seas esclavo de ese orden.
- Revive siempre tu materia; de esa forma, siempre será actual, grata y espontánea.
- Que tus clases sean espontáneas, pero no improvises conocimientos.
- Comienza y termina siempre puntualmente.
- Empieza cada clase con un esquema; la falta de vocabulario perjudica menos a un alumno
que el no saber lo que le aguarda.
- Nunca esperes que tus alumnos aprendan o entiendan algo que tú no aprendiste o
comprendiste.
- Nunca des una clase sin que tus conocimientos superen ampliamente el contenido de ella.
- No pienses que la atención en los detalles compensará la falta de perspectiva.
- Nunca abrumes a un alumno con una exhibición de tu erudición; los alumnos están menos
interesados en lo que tú sabes que en lo que pueden aprender.
- No te enorgullezcas de saber más que tus alumnos: ellos no eligieron nacer después que
tú.
- Admite tu ignorancia, pero sabiendo distinguir la tuya de la de los demás.
- Nunca iguales la ignorancia o falta de conocimientos de tus alumnos con la estupidez.
- No te aprendas de memoria tu clase, simplemente comprende la materia.
- No des clases leyendo tus notas, salvo los números que no puedas recordar.
- Nunca, nunca, leas tus anotaciones: si los alumnos fuesen analfabetos, no estarían en
tu asignatura.
- Ten esquemas o notas a mano, pero no las uses; un buen actor no necesita apuntador.
- Evita los retroproyectores: mejor equivocarse siendo espontáneo que no cometer errores
siendo aburrido.
- Evita la exposición monótona: el interés de los alumnos debe dirigirse a la materia,
no a tu voz.
- Emplea una velocidad de exposición adecuada: las sentencias tipo oráculo producen
aburrimiento y la verborrea, confusión.
- No supongas que la utilización de una palabra o idea una sola vez hace que los alumnos
la asimilen: las llamadas a su inteligencia requieren conceptos, no amenazas ni
intimidaciones.
- Nunca repitas la misma clase. Mírales para saber si te siguen.
- Contesta las preguntas lo mejor que puedas. La pregunta rara vez procede de un sujeto, y
no es una interrupción, sino un desafío para canalizar la respuesta hacia la materia que
queda.
- La diferencia entre dar clases y actuar radica en quién va primero, si el tema o las
palabras.
- Utiliza cuestionarios de exámenes como parte importante de la enseñanza; los alumnos
abordan la materia basándose en el tipo de preguntas que se les ofrecen.
- Supón siempre que estés impartiendo tu clase que lo que los alumnos desean es aprender
y no limitarse a aprobar los exámenes.
- Nunca preguntes en un examen lo que no les pediste que aprendieran durante las clases.
- Nunca digas a tus alumnos que sean responsables y que aprendan un tema: la
responsabilidad con respecto al aprendizaje es un deber de los demás y no de uno mismo.
El límite entre la obediencia y la autoestima es ciertamente estrecho, pero claro.
- Ser competente es algo que debe preceder siempre a ser popular.
- Alaba al alumno por sus logros, no lo condenes por sus fallos.
- Nunca digas un chiste por decir, sino sólo al servicio de lo que estás enseñando.
- Jamás te rías de tus alumnos, ríe con ellos.
- Nunca te burles de tus alumnos, salvo que quieras que se burlen de ti.
- Toma siempre tan en serio a tus alumnos como quieras que ellos te tomen a ti.
- No seas demasiado serio dando clase: piensa lo enormemente divertido que es el que tus
alumnos estén interesados en lo que les están explicando.
- Nunca pierdas tu control delante de tu clase. Tus alumnos no están interesados en tus
emociones privadas.
- Trata a tus alumnos con respeto y te respetarán, y también con educación porque no lo
confundirán con blandura.
- No confundas la familiaridad por parte del alumnado con falta de respeto, ni el
desacuerdo personal con antipatía personal.
- Mira a los alumnos cuando les des clase; el techo y el suelo no están interesados en lo
que explicas, ni tampoco el encerado.
- No supongas nunca que tu asignatura es la única.
- No supongas nunca que un alumno que se duerme en clase está aburrido o carece de
interés por tu asignatura. Tal vez se paso toda la noche estudiando otra materia.
- No empieces rápido y termines lento: eso demuestra que se te acabó la materia.
- No empieces lentamente y termines lentamente: lo único que conseguirás será dejar
exhaustos a tus alumnos.
- Cada asignatura tiene su propio lenguaje: el buen profesor es aquel que enseña siempre
lenguaje, y no simplemente palabras.
- No supongas nunca que el que los alumnos se queden sumidos en el silencio significa que
lo han comprendido absolutamente todo; quizá lo que sucede es que se sienten confusos.
- Nunca olvides reforzar un término o concepto escribiéndolo en la pizarra y
repitiéndolo para que el alumno tenga la oportunidad de anotarlo, pero jamás, jamás,
repitas cada frase: el resultado de esa repetición al pie de la letra es dar la mitad de
la clase en el mismo tiempo.
- No confundas dar clase con dictar: lo primero es un proceso creativo recibido y
elaborado activamente por el alumno y lo segundo, un ejercicio mecánico anotado
pasivamente para tratar de comprenderlo más adelante.
- Nunca seas tan simple como para caer en la trivialidad, ni tan complicado como para ser
oscuro: una clase clara e inteligible no tiene por qué ser simple, ni una profunda,
ininteligible.
- Actúa con la convicción de que lo que enseñas tiene importancia, aunque no seas capaz
de demostrarlo.
- Termina tu clase exhausto y radiante; sin esos sentimientos, tu clase no fue soberbia.
- La inteligencia se mide más por la calidad que por la cantidad de aprendizaje.
- No esperes una capacidad infinita de aprendizaje por parte de tus alumnos: la
saturación de la mente viene limitada más por la fisiología que por la inteligencia.
(La inteligencia es la capacidad de lograr el máximo aprovechamiento dentro de las
limitaciones fisiológicas o condicionantes de la mente.)
- No te mofes de la originalidad brotada de la ignorancia.
- El máximo desafío de la enseñanza es retener el entusiasmo del alumnado pese a sus
crecientes conocimientos. Un buen profesor fomenta la creatividad en vez de la
información.
- Los profesores no dan notas; los alumnos las ganan.
- No confundas enseñar bien con examinar bien o con calificar bien. (Dar una clase es una
cosa y examinar y calificar, otras; un buen profesor debe dominar las tres.)
*Tomado de: Gaceta Universitaria, 14 Oct 1991, p. 16 (Traducción de Víctor
Sánchez del Olmo, de "Fifty-six laws of good teaching", por Herbert C.
Friedman, Journal of Chemical Education, May 1990.)