¿Qué tiene que ver la filosofía con mi carrera?*
Hoy en día, la gente tiende a enfatizar el factor comercial de la
educación universitaria. Sería un error, obviamente, pensar que esto es lo único, o que
debería ser lo único, que existe en la universidad; pero los futuros estudiantes --y sus
padres-- puede que se pregunten cómo se relaciona la filosofía con el factor comercial.
Si "comerciabilidad" significa aprender qué es lo que lo hace a un candidato
atractivo para un empleo, la filosofía tiene mucho que ofrecer.
No hay duda de que una educación en negocios, comercio, finanzas,
marketing o economía, proporciona habilidades y herramientas prácticas para lograr el
primer empleo. La filosofía no hace énfasis en tales habilidades, pero proporciona el
ambiente ideal para que los estudiantes desarrollen las habilidades de las que dependen
aquéllas. La filosofía no "vende" solamente si aprender a pensar, analizar y
comunicar las ideas con claridad es inaplicable en la vida laboral. La filosofía está
desfasada si ser capaz de formar y defender una opinión ya no se considera una habilidad
valiosa. Y la filosofía es una práctica sin valor si madurar a través de la educación
es algo inútil y pasado de moda. Todas estas características y habilidades son
importantes --de hecho, esenciales--, si uno quiere tener buenas perspectivas de empleo,
y, por supuesto, si quiere ser una persona bien educada, madura y con claridad de ideas.
No todos están de acuerdo en que la filosofía sea la ruta correcta
para alcanzar el éxito en el mundo del trabajo, pero muchos expertos argumentan que una
educación bien balanceada es la mejor base para una buena carrera. En una artículo del Globe
and Mail titulado "Qué se necesita para hacer un millón" (24 de abril de
1996), Jane McFarland comenta sobre esta concepción:
El gurú del
management Henry Mintzberg, que divide su tiempo entre la Universidad de McGill y la
European Business School, con frecuencia critica la educación de los futuros CEOs, y es
particularmente severo en su apreciación de los programas de MBA. Pero admite que es
difícil recomendar a los futuros líderes que no escojan los programas favorecidos por
quienes reclutan personal. Él quisiera que las compañías buscaran otro tipo de
instrucción en los futuros líderes, y argumenta que las habilidades para los negocios no
pueden enseñanse en el salón de clase, y no son las mismas para todas las compañías.
"Yo obtendría un título universitario, no en negocios, sino en filosofía, historia
o geografía, sólo para aprender a pensar", sostiene. "Luego entraría en la
industria, organización o esfera de acción que en verdad me atrae, y trabajaría a mi
manera para aprender a dirigir".
¿Por qué alguien como Mintzberg hace un llamamiento para volver a lo
básico? ¿Por qué o para qué unas bases sólidas en las área de pensamiento y
análisis, antes de saltar a los negocios o una posición directiva de alto nivel? Existen
muchas posibles respuestas a estas preguntas. Puede ser que el liderazgo y el éxito
dependan de habilidades que son más generales, menos orientadas a un tipo concreto de
trabajo: pensar con lógica, analizar críticamente, ser capaz de comunicarse con orden y
precisión, oralmente y por escrito.
Lo que sigue es un extracto de un artículo escrito por un empresario
que sostiene esto mismo, en The Chronicle of Higher Education, en 1982:
Mi compañía ganó un contrato para extraer berilio de una mina en
Arizona. Llamé a varios ingenieros consultores para preguntarles: "¿Pueden ustedes
idear un proceso químico o electrolítico para refinar berilio directamente en la mina, a
partir de la roca?" Obtuve un informe que me decía que lo que pedía era imposible;
que ellos habían buscado en los archivos de la computadora y que tal proceso no existía.
Pagué a los ingenieros por su trabajo. Luego contraté un estudiante
de la Universidad de Stanford que estaba de vacaciones en su casa. Estaba sacando una
maestría en historia latinoamericana, con especialidad en filosofía. Le proporcioné un
avión y una tarjeta de crédito, y le dije: "Ve a Denver y busca en los archivos de
la Oficina de Minas, y trata de encontrar un proceso para la recuperación del
berilio". Se fue el lunes; olvidé decirle que buscara algo factible. Volvió el
viernes con un paquete de notas y folletos en la mano, y me dijo: "Aquí está el
proceso. Fue desarrollado hace 33 años en una estación de investigación del gobierno,
en Rolla, Missouri", y continúo: "también existe un proceso para la
recuperación de la mica, del estroncio, del colombio y del itrio, los cuales también
existen como rocas de las que se puede extraer berilio". Sólo una semana de
investigación, y ya sonaba como si fuera todo un experto en metalurgia.
Él esta de vuelta en su universidad, pero le sigo la pista. Cuando
otras compañías estén en el proceso de entrevistas para los departamentos de
ingeniería y de administración, estaré allí para buscar a este graduado en historia y
filosofía.
Thomas Hurke discute estos mismos temas en un ensayo corto titulado
"Cómo llegar a la cumbre: estudie filosofía" (Principios; Toronto: Harcourt
Brace, 1994):
¿Cómo debería Canadá educar a sus estudiantes para competir con
éxito en el mundo de los negocios? Algunos gobiernos locales creen que deberíamos
enseñarles negocios
Pero evidencias recientes sugieren que este enfoque es
erróneo. Produciremos mejores gerentes si primero educamos a los estudiantes en las
materias tradiciones de las humanidades y las ciencias. Y puede que lo mejor sea educarlos
en filosofía
Considere el GMAT [General Master Admission Test], usado para la
admisión en los programas de maestría, y, recientemente, para ingresar a los más altos
niveles de management. A los estudiantes de administración de pregrado, que
supuestamente serían los mejor preparados para este test, les suele ir mal: obtienen
promedios inferiores a la media. Los mejores resultados los obtienen los estudiantes de
matemáticas, seguidos por los de filosofía y los de ingeniería
Según un libro de
Michael Useem, ellos (los estudiantes de ciencias y humanidades) tienen más dificultades
para encontrar trabajos de dirección que aquellos con un título de administración de
empresas, porque carecen de las capacidades específicas requeridas para las finanzas.
Cuando son contratados, usualmente es en los niveles más bajos. Pero una vez que han sido
contratados, avanzan más rápidamente que sus colegas
¿Cómo explicar este éxito
de los estudiantes de ciencias y humanidades? Las compañías informan que, aunque las
habilidades técnicas son más importantes en los puestos inferiores de dirección, su
importancia disminuye en los de nivel intermedio y alto. En estos puestos las
características más importantes son las habilidades de comunicación, de formulación de
problemas y de razonamiento. Una educación de artes liberales puede ser poco importante
en los comienzos de un trabajo de dirección, pero proporciona justo lo que se necesita
para llegar a los puestos más altos.
Esto no significa que la educación en administración de empresas
esté de más. La industria canadiense necesita habilidades especializadas para el
comercio, y nuestras universidades deberían proveerlas. Pero en la crecientemente
competitiva economía mundial habrá necesidad urgente de visión, creatividad y capacidad
analítica, cualidades que son mejor brindadas por una formación humanística.
Esto apunta a la recomendación que más frecuentemente se escucha de
parte de los CEOs: primero un grado en artes y ciencias, en campos como el inglés
[letras], la física o la filosofía; luego el MBA. Primero las habilidades intelectuales,
luego el conocimiento específico que se necesita para aplicar esas habilidades a los
negocios. Y esto tendrá otro efecto: los estudiantes educados en las artes liberales
serán personas con una formación más completa, conocerán más acerca del mundo natural
o de la historia de su cultura, y será mejores a la hora de razonar sobre temas de moral
o de política. Por lo menos, será un bonito efecto colateral.
Hurka no pretende dar una estocada al corazón del pensum de
administración de empresas. Sólo enfatiza la importancia de que la formación
profesional ayude a los negocios a ser competitivos. Sería un error, sin embargo,
subestimar la importancia de las "habilidades intelectuales generales" en los
más altos niveles de dirección empresarial. Ya que estas habilidades pueden adquirirse a
través de la formación filosófica, sería una decisión "de negocios"
inteligente tomar cursos de filosofía.
Pero los negocios no son la única área de trabajo que está abierta a
los estudiantes de filosofía. Algunos estudiantes de filosofía deciden continuar su
formación (en una maestría o doctorado), y como resultado, llegan a estar calificados
para enseñar en la universidad. Si a usted le gustaría ver qué clases de trabajo se
encuentran disponibles a graduados de filosofía vea:
http://www.earlham.edu/~peters/philinks.htm.
Ya que la filosofía provee una fundamentación comprehensiva a nivel
de pregrado, otros graduados de un programa de filosofía tienen la posibilidad de seguir
una gran variedad de carreras profesionales. Algunas de estas carreras son: leyes,
dirección de empresas, medicina, ética aplicada, política, educación, arte y
estética, periodismo, religión y cultura, sociología, etc.
Esto es lo que Anthony Lemieux, antiguo estudiante de Laurier College y
actualmente estudiante de leyes en el universidad de Alberta, dice a los futuros abogados:
"La filosofía es un excelente programa de preparación para los estudios de leyes.
Es una de las pocas disciplinas que desarrolla habilidades de pensamiento analítico que
con facilidad se transfieren al aprendizaje de las leyes. Yo noté de inmediato que tenía
un poco de ventaja en ese campo".
¿Qué carreras son las que siguen los graduados en filosofía? Esto es
como preguntar en qué tipo de deportes compiten los atletas bien entrenados. La
respuesta, en ambos casos, es ¡en lo que ellos quieran! Porque los graduados en
filosofía son fuertes en las áreas de razonamiento y solución de problemas, las
posibilidades de empleo para ellos son prácticamente ilimitadas.

*Trad. de Moris A. Polanco. Título original: "How Does Philosophy
Relate to my Carrer?". Fuente: http://www.wlu.ca/~wwwphil/studyphl/leoinv5.htm